Local calle Puente

El ciclo inmobiliario que viene… es diferente

La recuperación no supondrá volver a las cifras del boom y el crecimiento será desigual

La inversión foránea seguirá reforzando las alzas de precios en algunas zonas de alto valor

La crisis de 1992-93 deparó un ajuste bastante comedido por duración y cuantía de la riqueza inmobiliaria de los hogares que, simplemente, vino a poner un pequeño paréntesis a un largo periodo de bonanza en este ámbito. En el subconsciente colectivo, se identificaba la inversión inmobiliaria con los conceptos de alta rentabilidad y seguridad hasta que esta situación se quebró a finales de 2007 y comienzos de 2008, derivando en un doloroso ajuste de todo aquello relacionado con lo inmobiliario y en el que también hubo sobrerreacción.

Los precios de la vivienda usada llegaron a caer un 43,7% desde máximos, cifra que se reducía al -36,2% en el primer trimestre de 2017, según los valores escriturados ante notario. Un severo ajuste que ha facilitado la obtención de fuertes tasas de crecimiento de la actividad inmobiliaria cuando la recuperación se ha consolidado. Las personas que conservaron su empleo durante la crisis, afrontan una mejor situación de partida para acceder a la vivienda, sobre todo desde el punto de vista de los precios, y la demanda embalsada lleva tiempo fluyendo.

En España, el esfuerzo para acceder a una vivienda no equivale a la renta bruta de 9 años que llegó a representar en 2007, situándose en 6,4 años en 2014 y rondando los 7 en la actualidad. Asimismo, el porcentaje de la renta anual disponible dedicada para la compra de una vivienda ha descendido hasta un razonable 33,8%. Luego, bajo estos parámetros y una vez superado el miedo a perder el trabajo que dominó durante años, la demanda de vivienda destinada a uso habitual ha resurgido con fuerza y ha supuesto un sólido puntal en la recuperación del mercado inmobiliario.

En base a datos acumulados de cuatro trimestres, las transacciones de vivienda ante notario avanzaban a un ritmo del 13,6% interanual en el primer trimestre de 2017 y suman casi 3 años consecutivos de incrementos, lo cual ha permitido su aumento en un 58,7% respecto a los mínimos de 300.568 transacciones registrados en 2013. Dicha cifra suponía un suelo, después de los máximos de 955.186 operaciones en plena burbuja, allanando el camino para los fuertes crecimientos en la actualidad. Ahora bien, la cuestión radica en si este dinámico crecimiento de la demanda es sostenible y para ello debe realizarse una primera distinción entre los compradores de vivienda habitual y los inversores.

Artículo de Francisco Vidal en CINCO DIAS

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